
Nosotros la entendemos como la terapia para ayudar a expresar el mejor potencial intrínseco en cada niño para un crecimiento armónico de los maxilares, a través del equilibrio de las tensiones y funciones (respiración, masticación, deglución…) y su influencia en el resto del cráneo y cara y viceversa.
En nuestra clínica solemos decir que los dientes son sólo el “síntoma”, y la posición o mal crecimiento deriva además de factores genéticos, también de factores ambientales (epigenética).
Entendemos que somos un ser completo, donde cada parte forma el todo, por eso nuestra visión trata de ser lo más amplia posible.
Para nosotros es importante derivar, comunicarse y hacer seguimiento con otros especialista: fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos, terapeutas craneosacrales, optometristas, podólogos, médicos holísticos, nutricionales, terapeutas, psicólogos, etc, siempre que su colaboración sea necesaria.
Todo influye: cómo estábamos en el útero materno, cómo fue nuestro nacimiento, primeros años de vida, masticación, respiración, malos hábitos, traumas físicos o emocionales…
Muchos factores pueden bloquear el correcto crecimiento en los niños. Buscamos ayudar a equilibrar el cuerpo para intentar que sean adultos con las menores patologías comunes crónicas como dolores de cabeza, cuello, mandíbula, alteraciones posturales… agravadas por la mala oclusión y posición mandibular.
